martes, 15 de febrero de 2011

Niña enfermiza

En penumbra...siento mi pecho.
No debe seguir latiendo con esa fuerza,
más despacito,
así, sin prisa.

Yo te hablo, te suplico,
pero no me escuchas.
Es realmente importante,
pero no hay nada,
silencio.
Y yo desespero,
vuelco,
tiemblo,
y silencio de nuevo.

Ínfima revolución del alma.
Ni siquiera la has percibido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario