No debe seguir latiendo con esa fuerza,
más despacito,
así, sin prisa.
Yo te hablo, te suplico,
pero no me escuchas.
Es realmente importante,
pero no hay nada,
silencio.
Y yo desespero,
vuelco,
tiemblo,
y silencio de nuevo.
Ínfima revolución del alma.
Ni siquiera la has percibido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario