No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario
casi viejo, y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar!
"Si tu me dices ven"
Amado Nervo

Pensando, enredando sombras
ResponderEliminaren la profunda soledad.
Tú también estás lejos,
ah más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros,
desvaneciendo imágenes,
enterrando lámparas.
Campanario de brumas,
qué lejos, allá arriba!
Ahogando lamentos,
moliendo esperanzas sombrías,
molinero taciturno,
se te viene de bruces la noche,
lejos de la ciudad.
(...)
poema de amor 17, de Neruda
lo se,
taciturno y sombrío
pero no he podido evitar
compartirlo contigo,
morena molinera
del campanario de brumas
Sabes? mi pseudónimo es de mi mamá y ella estoy segura de que lo cogió de está poesía. Ya la había leído y es preciosa.
ResponderEliminarLees en lo recóndito de mi... gracias.
casi no la recuerdo, pero estoy segura de que podría conocerla viendote a ti
ResponderEliminareres la mejor herencia que alguien puede dejar
te dejo otra de Neruda que te viene al pelo
Niña morena y ágil,
el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos,
el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre,
tus luminosos ojos
y tu boca que tiene
la sonrisa del agua.
poema de amor 19